Ojitos negros

Ojitos Negros
Hace dos semanas, esta es la última foto, del martes 8 de Septiembre de 2009, un día antes. Desde el instante en el que salí de casa dándole un abrazo, mirándola a los ojos para que no me olvidase nunca, desde ese instante he buscado las palabras y el momento de decir algo, de escribir algo. Yo sabía que cuando regresase ella ya no estaría, aun así me costó pasar la puerta y que no estuviese detrás moviendo el rabo y esperandome como hacía desde que iba al colegio, al bachillerato, incluso a la universidad.
Me cuesta recordar el día que Fresa llegó a casa, yo era pequeña, recuerdo vagamente cómo le dimos el biberón hasta que fue un poco mayor y pudo comer piensos. De pequeña nos lo perdonábamos todo, ella aguantaba que le tirase del rabo, de las orejas, de los bigotes, y yo no me enfadaba cuando me mutilaba mis muñecas. Hasta sus últimos días podíamos verla jugando con algun zapato, siempre fue mi cachorrito, hasta sus 12 años y 10 meses.
Estos últimos años han sido especiales, yo diría que desde que parió a esos 3 cachorritos; fue lo más maravilloso que he presenciado en mi vida. Estuve a su lado durante horas hasta que las 3 bolitas de pelo respiraban por sí mismas y Fresa empezaba siendo una mala madre que no tenía demasiada paciencia en dejarlos mamar.
Me costó muchísimo regalar a los cachorros, nadie era lo suficientemente bueno para ellos, uno incluso nos lo devolvieron, como si de un juguete se tratase. En el fondo siempre quise quedarme con alguno porque ahí Fresa ya contaba con 9 años y sabía que su vida se acortaba, ojalá me hubiese quedado con Brujita, ahora llamada Luna.
Desde entonces no sólo jugaba con Fresa, también me hice cargo al 100% de ella, desde llenarle el agua y el pienso, a ir al veterinario para las vacunas, llevarla a pelar, lavarla… Cada dia nos uníamos más, sobretodo cuando nos quedábamos a solas, aunque fuese un rato, ella estaba siempre conmigo. Había una gran complicidad entre nosotras porque ella sabía que estando sola podía venir a dormir debajo de mi cama, se metía en el baño y se asomaba cuando me duchaba, hasta que yo le salpicaba con agua y me esperaba a que saliese. Lo que más, que siempre que yo lloraba Fresa venía a ver que me pasaba, no me decía nada pero me echaba su cabecita y me miraba con cara de “no estes triste”, muchas veces fue quien me dio fuerzas para seguir a delante.
Testaruda, totalmente testaruda y rebelde, pocas veces vino cuando la llamaba en la calle, se escapaba para ir a pasear incluso estando ya malita. Nunca aprendió que no debía sentarse detrás de mi en el ordenador porque a veces la entallaba al echarme para atrás, ni que con las baldosas de la cocina no se puede enterrar un hueso, ni que por ladrar más fuese a abrir antes la puerta. Con claustrofobia, no podía ver una puerta cerrada y yo ahora no puedo ver una puerta sin acordarme de que ella ya no la empujará para dejarla abierta.
Silencio en los primeros días, explicaciones a familiares y amigos después, y echarla de menos. Lloré mucho antes de que se muriese, yo lo sabía, la miraba a los ojos y sabía que no se estaba recuperando y esa impotencia me dejó sin apetito, sin sueño, sin vida, durante unos días. Luego se murió, ya está, se acabó, el descanso. Para empezar a recordar, y echarla de menos cuando aún el coche olía a ella, cuando escucho al perro del vecino e incoscientemente voy a abrirle, cuando cierro una puerta y espero a que entre para que no llame después. Cuando cruzo las piernas y nadie me quita las chanclas, cuando ando en pantalones cortos y ningun ser peludo se pasa entre mis piernas. Cuando salgo al patio y su puertecita está cerrada, cuando sin querer me sale silvarle para que venga a mí, cuando me tiro en el sofá y dejo caer una mano para acariciar el vacío.
Así es como me siento desde hace dos semanas, tremendamente sola porque esa compañía que mi pequeña me daba no hay nadie que pueda devolverme. Veo su cara en cada cachorro, miro atrás preguntándome si en algun momento pude adelantarme para tratarla antes de que empeorase. Duermo mal y sueño a veces con que vuelve como si sólo se hubiese escapado.
Nunca antes había estado tan triste, tan vacía, nunca imaginé que era estar sin tí.
Manu dijo:
Septiembre 24, 2009 a 1:33 am
No sé que escribir, la verdad, pero no tengo otra manera de dejar constancia de que lo he leido y de decir que me impresiona mucho.
No estés triste. Los recuerdos buenos siempre los vas a tener, los que vas a conservar. Alégrate de todo lo que has disfrutado y lo que ha disfrutado ella también contigo. Le has dado una vida feliz y ella a ti. Eso es lo que de verdad importa.
Animo campeona