Compañía
Hace mucho mucho tiempo escribí muchos posts sobre la soledad, la independencia y la fuerza. Me hice fuerte estando sola, busqué en la soledad la fuerza y poco a poco gané mi independencia.
En cambio no me gustaba esa vida, sé que puedo ser independiente, fuerte y solitaria, pero no quiero, no es mi forma de ver la vida. Nunca tuve un novio puente, y nunca busqué consuelo en brazos del primer rollete que se me cruzaba. Pero llegó un amigo, que después se hizo mi novio, y que juntos forjamos una relacion firme y clara, con metas, responsabilidades, pros y contras.
Entre esos pros está volver a tener alguien mio, para mí, para cuando te derrumbas y no quieres ser fuerte, para el día que no tienes ganas de mirar hacia arriba o simplemente para escucharme sin decirme nada.
¿Contras? Nunca encontré contras más allá de las discusiones habituales que todos tenemos con nuestra pareja. En cambio ahora me pienso otros contras. Para mi hay cosas que me salen natural, la gente lo llama compromisos, qizás será eso. Yo no soy de aparentar, y si es un “compromiso social” no veo problema en pasar y no ir si realmente no nos interesa el tema. ¿Pero y los compromisos de pareja?
¿Su familia es mi familia? ¿Si a mi no me incumbe por qué debo ir? ¿Si no me apetece quien me obliga? No encuentro respuestas, a mí nadie me ha explicado que si mi pareja tiene uno o otro compromiso familiar a mi me toca acompañarle como su pareja que soy, tanto en las fiestas como en las desgracias.
Estoy para la gente que me importa, para mi pareja, para mi familia y para mis amigos, para lo que necesiten y cuando lo necesiten, y estoy tambien cuando no me lo piden, cuando considero que debo estar para alguien. Sin embargo me duele muchísimo que algunas de estas personas les de igual que yo esté o no, del mismo modo que me duele que no estén cuando las necesite, porque hay cosas que no se piden.